A veces no nos damos cuenta de las cosas que nos rodean. El día a día no nos dejan ver a través de la jungla de tupidas ramas que forman parte de nuestro alrededor.
En las pequeñas cosas está la esencia. Un amanecer, la suave brisa, el canto de un pájaro, la inocente risa de un niño, o simplemente dar los buenos días; son momentos que se nos pasan por alto, porque estamos pendientes del reloj, de las obligaciones, del móvil, del atasco o del no llegar tarde al trabajo.
No disfrutamos todos los momentos, simplemente pasamos por ellos, cómo si nos sobrara. Y luego, ¿qué nos queda?
Sólo cuando sufrimos una situación realmente adversa, es cuando vemos la realidad, es cuando nos damos cuenta del tiempo perdido, de las muchas tonterias que nos envuelven y de las que nos dejamos llevar...
Debemos cambiar. Ser capaces de darnos cuenta de esos momentos y de disfrutarlos. Mañana, cuando amanezca y salgas a la calle, busca el Sol, y simplemente respira y da gracias por su luz, su energía. Cuando cante el pájaro en el árbol, dale las gracias por animar tu día, y con la primera persona que te cruces, simplemente deseále los buenos días. La sonrisa de ese niño, nos puede ayudar en los momentos de mayor tensión; la recordamos y tras respirar profundamente, intentamos aflojar el stress... Todo mejorará.
Salud.
Miguel Calero
Director de Biosfera
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